miércoles, 6 de julio de 2022

CRÓNICA MINI CLUB DE LECTURA (02/06/22)


Imágenes cedidas por la Biblioteca Josep Roca i Bros


Hoy, jueves 2 de Junio del 2022, la Biblioteca Josep Roca i Bros me da la oportunidad de dar a conocer mi cuento a los pequeños lectores del Mini Club de lectura que organizan en su biblioteca.

Llego diez minutitos antes para montar el que será mi rinconcito, tengo una mezcla de sensaciones: entusiasmo, nervios, alegria y un pequeño temor. ¿Les gustará mi cuento? ¿Les gustará la forma en que se lo presento? Todos son dudas...pero, decido no recrearme en esas dudas y envalentarme diciéndome a mi misma: "Sé tu misma y todo irá bien".

Son las 17:30h ¡Ya lo tengo todo preparado!

Van llegando poco a poco y curiosos se acercan a mi rinconcito y empiezan a hablar de los personajes que tengo puestos de exposición.
¡Parece que les gusta! Empiezo a relajarme.

Cuando ya estamos todos, empiezo presentándoles el cuento y los personajes que encontrarán en él. Luego, les leo una de las partes de más acción del cuento, me escuchan atentos y muestran curiosidad por lo que sucederá después y después y después... ¡incluso leo un poquito más de lo que tenía previsto porque así lo desean ellos/as!

" ¡Qué agusto me siento! " Pienso por un momento mientras sigo disfrutando del momento y de mis pequeños lectores.

Al finalizar, les doy un par de detallitos. Se ponen muy contentos/as, ya forman parte de la aventura y me comentan que les ha encantado. ¡Estoy a punto de emocionarme! Consigo controlarme, ahora no toca llorar, me digo a mi misma.

Me dicen quienes han sido sus personajes preferidos, Mariona y el pirata Barbazul se llevan la palma.

Disfruto de su espontaneidad y al mismo aprendo con sus comentarios y deducciones sobre el cuento. ¡Son unos pequeños genios!🤩

Solo puedo dar GRACIAS. ¡Ha sido una experiencia preciosa!


Yolanda Martínez Duarte.

UNA LECCIÓN DE REALIDAD (Relato compartido escrito por @9177ale y @las_letras_de_yolanda)


Imagen de Google

Estaba un maestro explicando a sus alumnos la realidad del día a día en un rato de asueto para sus alumnos y mira por donde un alumno empezó a increparlo por no estar de acuerdo con lo que exponía:

—Disculpe maestro, pero no estoy de acuerdo -se puso de pie—. Las tecnologías habrán anulado algunas cosas cierto, pero también hemos mejorado en muchas otras. ¡No todo es tan negativo como usted lo plantea!
—¿Eso crees Rafa?
—Sí. Fíjese por ejemplo, ante la aparición del Covid la tecnología ayudó con las compras, la asistencia sanitaria, el contacto familiar mediante videollamadas...intentando normalizar una situación muy difícil.
—De acuerdo. ¡Tienes razón! Pero, ¿qué me dices de la generación de "jóvenes ninis" que estamos creando en gran parte por las comodidades que tienen con las tecnologías actuales?
Rafa permaneció en silencio.
—No puedes defenderlo, ¿verdad? Es imposible... los jóvenes acomodados a tenerlo todo a su alcance a través de Internet, redes sociales, etc, etc...Se olvidan de la necesidad de buscar un trabajo y ganar un dinero para poder aspirar a mucho más. Unos estudios que les den mejores oportunidades de trabajo mas adelante. ¡Se ha perdido todo Rafa: la motivación, el entusiasmo, el esfuerzo, los valores. El respeto...! ¿Sigo?

Rafa permaneció en silencio, agachó la cabeza y se sentó.

El maestro terminó su lección de realidad con el siguiente consejo a sus alumnos:
—Os animo a todos a escribir en un papel vuestra: aspiración, objetivo o sueño en la vida. Y después, ¡haced todo lo posible por llegar a él y conseguirlo!

Sus alumnos lo escuchaban con atención.

¿Serían capaces de romper con aquella generación de "ninis" que existía?

                                   Escrito por: Yolanda (@las_letras_de_yolanda)
                                                            Mª Carmen (@9177ale)

martes, 28 de junio de 2022

REFLEXIÓN: ASÍ ES LA VIDA Y ASÍ ALGUNAS FAMILIAS

Hoy, os propongo reflexionar sobre un tema algo delicado pero al mismo tiempo cercano. Y digo cercano porque seguro que mucho de vosotros conocéis a personas que han pasado por situaciones como las que hoy nombraré en esta reflexión o incluso muchos las hayáis vivido en vuestras propias carnes.

Así que, sin más preámbulo, ¡comencemos!

Hoy, reflexionaremos sobre lo que pasa cuando en una familia existen padres y madres tóxicos/as o cuando la familia en si, hablamos de: padres, hermanos, tíos, primos, abuelos... se convierten en unos verdaderos desconocidos. Cuando aquel pedestal en el que los tenías se cae sin más y descubres cosas en ellos que desconocías. ¿Qué pasó? ¿Estuvieron jugando un papel todo este tiempo? ¿Alguien les influyó negativamente y les manipuló? Pero, ¿cómo se dejaron llevar?

Si algo he visto en todos estos años, es la poca personalidad que tienen la mayoría de las personas y la facilidad con la que se dejan llevar y manipular, llegando a hacer cosas que por si solas no harían porque no es su estilo o  simplemente porque va en contra de sus principios. 

Pero, son débiles e incapaces de poner freno a esa otra persona que los influye tan negativamente. ¡Algo que nunca he comprendido ni comprenderé! Y, ¡me indigna muchísimo!

Por desgracia, he conocido muchos casos a mi alrededor. Conocidos, amigos y familiares que vivieron momentos desagradables con su familia y que intentaron encontrar el por qué de lo sucedido y no encontraron respuestas.

A continuación, nombraré algunas de esas situaciones.

La primera es aquella en que unos hermanos, que se llevaban estupendamente, se acaban peleando por una herencia después de fallecer sus padres. Y casualmente, en la mayoría de estos casos, el que más pelea por esa herencia es quién menos hizo por sus padres cuando enfermaron y lo necesitaban. 

La segunda situación la encontramos en aquella madre tóxica que cría a su hijo/a con: desprecios, exigencias e irrespetuosidad. ¿Qué consigue con esto? Anular la personalidad y autoestima de su hijo/a. Sin darse cuenta, que éste/a quedará marcado/a de por vida bajo una identidad que no le corresponde y una imagen de si mismo/a muy equivocada. ¿Por qué? ¿Por qué esa madre es capaz de actuar así con el ser al que dio la vida y al que se sobreentiende ama por encima de todo? No es así, está claro. No debe amarlo porque ni siquiera debe amarse a si misma y disfruta "pisoteando" a los demás. Simplemente porque eso le hace sentir mejor.

He hablado con muchas personas que vivieron algo así y las admiro, por la fortaleza y valentía de enfrentarse a su situación cuando llegan a su vida adulta y ser capaces de sobreponerse. Ellas, son capaces de luchar y además, después de muuucho esfuerzo y apoyo psicológico son capaces también de reencontrarse consigo mismas y encontrar su propia identidad, ¿qué digo? ¡SU VERDADERA IDENTIDAD!

Ahora, hablemos de una tercera situación familiar desagradable.

¿Qué pasa cuando en la propia familia aparece la envidia o la codicia? ¡Ya podemos temer lo peor! Hay quien llega a matar por ello. 

Así es, la cruel realidad, el desespero llevó a muchos a actuar así. Sí, sí... lo vemos en la películas pero, lo peor de todo es que esto también está sucediendo en la vida real. ¿Cómo es posible? ¿Alguien puede explicármelo?

Jamás entenderé como se puede tener envidia de que a un familiar le vayan bien las cosas. Y digo yo, algo hizo esa persona para conseguir ese éxito, ¿verdad? ¡Sí! Luchó, trabajó, se esforzó y sacrificó muchísimo para conseguir todo y cuanto tenía. Probablemente, se privó de muchas cosas y momentos que nunca regresarán. Pero, eso nadie lo ve. Las personas sólo ven que está allí, en lo más alto. Pero, no ven las veces que tropezó y se levantó, y volvió a tropezar y se levantó, y volvió a tropezar y se levantó de nuevo. ¡Todos quieren el éxito pero, nadie está dispuesto a esforzarse por conseguirlo!

Y es así como: la avaricia, el egoísmo, la codicia y la envidia acaban rompiendo muchas familias. Y entonces, te das cuenta que estar en los momentos buenos es muy fácil, que lo complicado es seguir estando en los momentos difíciles. ¡Ahí es donde sólo unos pocos sobreviven! ¡Los buenos! Porque sólo ellos saben estar a la altura de la situación, porque a pesar de: los golpes de la vida, las decepciones, los fracasos y todo el daño que les hicieron. ¡Permanecieron firmes y en pie! Llevando cada situación con dignidad, respeto hacia los demás y educación. ¡Los felicito!

Y os felicito también, a todos los que en algún momento habéis vivido situaciones como las que he nombrado anteriormente o muchas otras que he dejado en el tintero porque es un tema que daría muuucho de qué hablar y acabaríamos escribiendo más un libro que una reflexión, ¿verdad?

Sea como sea, ¡os felicito por ser como sois y estar donde estáis! 

Si algo he aprendido y sigo aprendiendo de la vida es que por muy injustas que puedan parecernos a veces las cosas, debemos "conformarnos" con aquel refrán que dice así:


"El tiempo pone a cada uno en su sitio"


Así que, desde aquí y aprovechando esta reflexión, os invito a emplear aquella frase que me enseñó ,una persona muy especial en mi vida, hace unos años. Dice así:

"Haz bien y no mires a quién".

Porque quien hace el bien tiene su consciencia muy tranquila. Sin embargo, quien actúa mal estará siempre expuesto a recibir una factura poco agradable con remitente "el karma". 

Nada más que decir, espero que os haya gustado mi reflexión y ya sabéis que... ¡estaré encantada de leer vuestros comentarios! De ellos, aprendo muchísimo y al mismo tiempo, sigo creciendo como persona.

¡Un abrazo muy fuerte!

Escrito por: Yolanda Martínez Duarte.



miércoles, 22 de junio de 2022

LINA (EL FINAL)

 Así que Litzy propuso a la niña un nuevo plan, se acercó a ella y se lo explicó muy bajito al oído. 

Fuese lo que fuese, ¿serviría para que aquellos niños la dejaran en paz?

Un día, por la mañana, antes de ir al colegio Lina guardaba en su mochila: el estuche, los libros, las libretas... ¡Estaba todo listo!

—¡Espera, que falta lo más importante! —exclamó la niña.

Y entonces, se acercó al armario que tenía en su habitación y cogió una bolsa de color verde muy brillante.

—¡La bolsa de la risa! —exclamó riéndose a carcajadas.

Y justo en aquel momento apareció Litzy que dijo:

—Veo que ya has cogido la bolsa de la risa.

—Sí, seguro que la necesitaré.

Litzy asintió con la cabeza y sonrió picarona. ¡Había llegado el momento de poner en marcha su plan!

Lina metió la bolsa de la risa en su mochila y se fue al colegio muy contenta. Por primera vez, en mucho tiempo, sabía que se iba a divertir.

Cuando llegó, como ya era habitual, nadie la saludó. Así era Lina, invisible para todos. Solo acudían a ella para molestarla y tratarla mal.

Se sentó en su silla y empezó la clase de inglés. 

Justo en aquel momento, cuando la profesora estaba de espaldas anotando algo en la pizarra, Pedro lanzó una bola de chicle a Lina y luego otra, y otra, y otra... fue entonces, cuando Lina sacó su bolsa de la risa y cogió algo de ella... ¡una peluca de payaso y una flor de goma! Se puso la peluca con mucha discreción y también se puso la flor de goma en su camiseta. Se aseguró de que la profesora siguiera entusiasmada con las anotaciones que estaba haciendo en la pizarra y aprovechó para girarse hacia Pedro y éste dijo:


Imagen de Google

—Tienes ganas de divertirte por lo que veo.

Después, Pedro empezó a reírse a carcajadas y justo en ese momento Lina le lanzó un chorro de agua que fue a parar justo a su boca.

Los demás niños y niñas empezaron se rieron muchísimo. 

—¡Silencio niños! —exclamó la profesora mientras seguía concentrada en sus anotaciones.

Mientras Pedro muy enfadado susurró:

—¡Esto no va a quedar así!

Lina sonrió burlona, guardó sus complementos de broma y volvió a atender la clase con normalidad.

La mañana transcurrió con normalidad hasta que llegó el momento del recreo. Allí, Lina volvió a toparse con Pedro, que esta vez venía acompañado de sus amigos. Lina recurrió de nuevo a su peluca y a una pelota pequeña que hacia sonido al botar.

Pedro y sus amigos se acercaron a Lina diciéndole:

—¿Qué pasa? Estás graciosa hoy, ¿no?

Ella no dijo nada, solo sonrió y se alejó un poco, lo justo para lanzar la pelota. Pero, ¿qué pasó? ¿a donde fue a parar la pelota?


Imagen de Google

Boing, boing, boing.... ¡PLAAAAF!

¡La pelota chocó en la cara de Pedro! 

Después, rebotó y como por arte de magia llegó de nuevo a las manos de Lina. Ésta, siguió lanzándola todo el rato y fue chocando en: las piernas, brazos, barriga... de los amigos de Pedro.

Justo en ese momento, cogió fuerzas y se envalentó a decir:

—Es divertido este juego. ¿Verdad?

El resto de niños del colegio, que al ver la escena se habían acercado enseguida a curiosear, no podían parar de reír. ¡Les resultaba taaaan divertido!

Pedro y sus amigos muy humillados decidieron alejarse.

Aquella misma noche, cuando Lina estaba tumbada sobre su cama leyendo un libro cuya historia la tenía muy entusiasmada e intrigada, apareció Litzy que se acurrucó en su regazo y le preguntó:

—¿Qué tal ha ido hoy en el colegio? ¿Has tenido que usar la bolsa de la risa?

—Síííí. 

—Bien, bien...

—Todos los niños y niñas se ríen con mis bromas.

—¡Me alegro mucho pequeña! —exclamó Litzy.

Y así fueron pasando los días en el colegio. Lina seguía usando su bolsa de la risa porque Pedro no se daba por vencido. 

Hasta que un día...

Todos los compañeros de clase de Lina, llegaron al colegio con una peluca de payaso y una sonrisa taaan amplia que hasta los profesores se contagiaban de ella. ¡El ambiente era magnífico! ¡Algo estaba cambiando!

Pedro, al verlos a todos así, se temió lo peor...

—¿Os habéis vuelto locos o qué?

—¿Locos? ¿Nosotros? Para nada... —contestó Martín.

Entonces, Maria se acercó a Pedro y le puso una peluca:

—Nos hemos dado cuenta que este juego es mucho más divertido que al que tu jugabas. ¡Ha llegado el momento de divertirte a nuestra manera!

Pedro entornó sus ojos e hizo intento de quitarse la peluca. Pero, uno de sus amigos lo agarró por el brazo. ¡Él también llevaba la peluca puesta!

—¿Tú también?

—Y aún queda algo más por hacer... —fue lo único que dijo Lucas.

Después Lucas y el resto de amigos de Pedro, lo cogieron de las manos y juntos se acercaron a Lina.

—Tenemos algo que decirte... —empezó diciendo Lucas.

Después miró a Pedro.

—¿Qué quieres que haga? —preguntó Pedro ignorante.

—Lo sabes perfectamente —le dijo su amigo.

Se hizo un largo silencio.

Todos los niños sonreían esperanzados de que ocurriera aquello que tanto tiempo llevaban esperando. 

—Pedro, adelante... —dijo la profesora.

Pedro, miró a Lina a los ojos y a regañadientes dijo:

—¡Perdón!

—¿Y? —lo invitó la profesora a seguir.

—No volveré a molestarte nunca más.

Todos los compañeros aplaudieron. 

Litzy, que había estado contemplando la escena a lo lejos. Sacó de nuevo su farolillo y lo hizo brillar para llamar la atención de Lina. Entonces, se miraron y Lina comprendió, que había llegado el momento de despedirse. Una lágrima recorrió su mejilla y susurró:

—¡Gracias!

Litzy, hizo gesto de reverencia y como por arte de magia desapareció por el mismo sitio por el que apareció la primera vez que Lina lo descubrió desde el patio del colegio.


Escrito por: Yolanda Martínez Duarte.






lunes, 6 de junio de 2022

LINA (3ª parte - Relato Infantil - Juvenil)

 Ella se rindió. Cerró su libro y decidió ponerse a dormir para no pensar más en aquel tema que tanto la preocupaba.

Pero, a media noche, se despertó sobresaltada por unos ruidos que venían de la cocina. No se lo pensó dos veces, se puso las zapatillas y fue hacia allí. Se quedó paralizada al ver algo diminuto hurgando en su nevera.

La madre de Lina, cogió un trapo y se acercó silenciosa, cuando estuvo muy cerca lo golpeó con el trapo como si se tratase de una mosca.

Entonces, esa cosa diminuta empezó a correr por toda la cocina.

—¡No te escaparás rata! —decía la mujer al mismo tiempo que intentaba golpearla de nuevo con el trapo.

Lina y su padre aparecieron enseguida al escuchar los ruidos. Se miraron horrorizados al descubrir lo que estaba sucediendo.

—¿También puede verlo? —susurró la niña a su padre.

—No debería.

—Pues... —empezó a decir la niña, pero su padre la interrumpió.

—Tú, coge a Litzy. Mientras, yo distraigo a mamá.

Y así lo hicieron. Lina, cogió a Litzy mientras su madre estaba distraída en los brazos de su marido que la tenía cogida por la cara llamando su atención.


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—Cariño, ¿qué te pasa?

—Una, una... ¡una rata estaba hurgando en nuestra nevera! —contestó su mujer.

—¿Estás segura?

—¿Qué iba a ser sino? —alzó la voz, estaba muy nerviosa y alterada.

—Si yo no digo que no pueda ser una rata. Pero, ¿cómo abrió la nevera?

—Quizá la dejamos abierta sin querer, que sé yo —dijo ella mientras ponía su mano en la cabeza —. Últimamente, tengo la cabeza en tantos sitios...

—Vayamos a la habitación, necesitas descansar.

Mientras, en la habitación de Lina...

La niña estaba sentada en su cama con Litzy sentada en sus piernas.

—Mamá, ¿puede verte?

—Parece ser que sí, es extraño —encogió sus diminutos hombros —. Nadie puede verme excepto tú.

—Pues, parece ser que no es así. Procura tener más cuidado. Mamá, no se anda con tonterías y esto puede traernos problemas.

—¡Ya me he dado cuenta! —contestó el duende al mismo tiempo que emitía aquella risita tan curiosa.

Los días pasaban y pasaban, los niños del colegio cada vez se portaban peor con Lina. Litzy, la había ayudado haciendo un poquito de "magia".

A los que molestaban a Lina, Litzy les había: pegado un chicle en las sillas, salpicado agua de la fuente en el patio, llenado las mochilas de confeti y atado los cordones de las bambas... ¡consiguió humillarlos y que el resto de niños se rieran de ellos! Pero, seguían pensando que Lina era la culpable de todas esas travesuras y la tomaron todavía más con ella.

Así que, Litzy propuso a la niña un nuevo plan. Se acercó a ella y se lo explicó todo muy bajito al oído. 

Fuese lo que fuese, ¿serviría para que aquellos niños la dejaran en paz?

Escrito por: Yolanda Martínez Duarte.

viernes, 27 de mayo de 2022

LINA (2ª parte - Relato Infantil - Juvenil)

Y cuando todo estaba en silencio. De pronto, la luz de su habitación se apagó y en la ventana se iluminó una pequeña luz, como si se tratase de una luciérnaga.

Lina, miró y entonces descubrió que allí estaba de nuevo. ¡Se trataba de Litzy!

La niña se acercó muy lentamente hasta que llegó a él. Entonces, abrió la ventana con mucho cuidado y le ofreció su mano para que se subiera en ella y pudiera entrar a la habitación. Litzy, la miró con muchísima atención y luego sonrió y subió a su mano.

—¡Bienvenida a casa! —exclamó Lina.

Litzy hizo una risita muy divertida y bailó sobre su mano.

—Así, damos la bienvenida nosotros —dijo la duendecilla.

—¡Me gusta! —contestó la niña.

—¿No te sorprende que sepa hablar? —Lina negó con la cabeza —. ¡Qué bieeeen!

—Mi papá te conoce y me explicó que llevas muchos años visitando a mi familia.

—Sí —contestó Litzy con su sonrisa. Era increíble, ¡nunca dejaba de sonreír!

—También, me explicó que siempre escogías a los niños en lugar de las niñas —se sentó en su cama y cogió un cojín para que Litzy se sentara en él —. ¿Por qué me has elegido a mi? Yo, no soy un niño.

La duendecilla, volvió a hacer aquella risita tan curiosa y después dijo:

—Porque eres especial y necesitas mi luz.

—Pero... — Litzy la interrumpió. Puso sus diminutos dedos sobre su boca y siguió diciendo —.  ¡He visto lo mal que se portan los niños y niñas contigo en el colegio! 

—Sí... —susurró la niña.

—No lo entiendo. Eres muy buena con ellos, les ayudas con los deberes, compartes tus chucherías con ellos, les dejas tus colores preferidos... y aún así, ellos te tratan mal.


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Lina , bajó la mirada hacia el suelo y se puso triste. Litzy, se acercó a ella, subió a su hombro y la besó en la cara.

—Ay, ¡me has haces cosquillas! —dijo la niña mientras se reía a carcajadas.

Y entonces, Litzy le dio un beso, y otro, otro, otro... y así, Lina no pudo parar de reír en mucho rato.

Desde aquel momento, se volvieron inseparables. 

Litzy, la acompañaba a todos los sitios: al colegio, al parque, a ver a sus familiares, a las excursiones del colegio, al médico... ¡la cuidaba y la protegía cuando las cosas se ponían difíciles!

Una noche, mientras Lina ya dormía. Sus padres estaban en la cama leyendo antes de irse a dormir. ¡Siempre lo hacían, les ayudaba a dormir mejor!

—Estoy preocupada cariño —comentó la mamá de Lina.

—¿Porqué? 

—Últimamente Lina está muy rara... ¿te has dado cuenta de que a veces habla sola? —su marido sonrió divertido —. No te rías, esto va en serio... 

—Lo sé. Yo creo que no deberías darle importancia —intentó quitar importancia su marido.

—Pues yo creo que sí debo dársela... —insistió ella.

—Seguramente, sean cosas de adolescente —dijo él.

La mujer lo miró con desgana y dijo:

—Da igual, no lo entenderás... 

—¡Te sorprenderías! ¡Puedo entenderlo más de lo que piensas! —exclamó con tranquilidad.

Ella lo miró intrigada, sin entender nada de lo que estaba ocurriendo.

—¿Te ha contado algo? ¿Le ha sucedido algo en el colegio? —preguntó ella.

—Estate tranquila, todo va bien —contestó él mientras seguía leyendo.

Ella, se rindió. Cerró su libro y decidió ponerse a dormir para no pensar más en aquel tema que tanto la preocupaba. 

Pero, a media noche, se despertó sobresaltada por unos ruidos que venían de la cocina. No se lo pensó dos veces, se puso las zapatillas y fue hacia allí. Se quedó paralizada al ver...

Escrito por: Yolanda Martínez Duarte

sábado, 21 de mayo de 2022

LINA (1ª parte - Relato Infantil - Juvenil)

Lina, tenía catorce años y era una niña muy especial. Había nacido antes de tiempo y por ello, era muy menudita. Además, tenía un ojo de cada color: azul y verde.

Los niños en el colegio se reían de ella y la llamaban "la bruja maldita". Aún cuando ella se portaba bien y no hacia nada malo a los demás niños y niñas. Nadie quería jugar con ella, así que se acostumbró a jugar siempre sola e inventar sus propias historias.

Un día, estaba en el patio del colegio cuando vio a lo lejos algo que brillaba.

—¿Qué será?

—¡A la clase niños y niñas! —los llamó la profesora para que regresarán  a la escuela.

Desde aquel día, Lina no olvidó el destello que había llamado su atención. Así que, cada día, cuando salía al patio del colegio, volvía a aquel lugar en su busca.

Pero, pasaron muchos días hasta que volvió a verlo. Y aquella vez, vio algo más. Una pequeña silueta que aguantaba algo en sus manos.

Una noche, antes de irse a dormir, Lina se sentó en su escritorio y decidió dibujar  aquello que había visto. Su padre, que entró para desearle dulces sueños, se quedó mirando el dibujo y susurró sorprendido:


Imagen de Google


—Litzy.

—¿Qué? —preguntó la pequeña.

—Estás dibujando un Litzy —la pequeña lo miró muy extrañada —. Litzy, era un duende de mi infancia. Yo, lo llamaba el duende de la luz.

—¿Lo veías en los dibujitos de la tele papá?

—No, lo veía de verdad. Estaba por todas partes: en el colegio, en casa, en el parque, en mis viajes de vacaciones con los abuelos...

—Yo, también lo he visto —dijo la pequeña.

En aquel momento, su padre comprendió que Lina seguiría con el legado de su familia. Litzy, llevaba muchos años en su familia, había sido visto por su: tatarabuelo, bisabuelo, abuelo, él mismo y ahora también Lina.

Pero, ¿cómo había podido verlo? En su familia, siempre habían explicado que sólo los varones podían verlo. Esto demosttraba, que sin duda... ¡Lina era muuuuuy especial!

—Siéntete feliz de poderlo ver. Él, traerá momentos muy bonitos a tu vida —le explicó su padre.

—Pero, ¿cómo papá? ¡Si nunca se acerca a mí!

—Se acercará, Lina. Sólo tienes que saber esperar.

Después, la besó en la frente y le deseó dulces sueños.

—No te acuestes muy tarde.

La niña asintió mientras terminaba su dibujo.

Y cuando todo estaba en silencio. De pronto, la luz de su habitación se apagó  y en la ventana se iluminó una pequeña luz, como si se tratase de una luciérnaga.

Lina miró y entonces...

Escrito por: Yolanda Martínez Duarte.


¡¡¡4 AÑOS JUNTOS!!!

  En  LAS LETRAS DE YOLANDA  hoy estamos de celebración. ¿Qué no sabéis lo que celebramos? No os preocupéis, os lo cuento enseguida.🤭 Hoy h...