miércoles, 27 de abril de 2022

LUZ MARÍA (2ª parte y FINAL)

 —Dime mamá — contestó al fin con la voz entrecortada.

—¿Ya estás en Sevilla?

—Sí.

—Vale. Es que Luz María ha preguntado por ti.

—Decidle que ya estoy llegando —los ojos se le inundaron de lágrimas —. En cinco minutos estoy ahí.

—Vale, hija —contestó su madre al otro lado del teléfono.

—Por favor, apresúrese — le dijo Fabiola al taxista después de colgar el teléfono.

El taxista, la miró por el retrovisor interior y asintió. Comprendió al instante que la joven estaba pasando por un mal momento y aceleró la marcha aún asumiendo que pudieran ponerle una multa por superar la velocidad establecida en ciudad.


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Y efectivamente, ¡en cinco minutos llegaron al hospital!

Fabiola salió corriendo del taxi dejándole una buena propina al conductor.

Entró al hospital, donde la recibió su padre y la acompañó hasta la habitación donde estaba Luz María. Al entrar, descubrió a su bisabuela muy desmejorada. Estaba muy pálida, algo consumida y con sus ojos ojerosos, cerrados. ¡Se temió lo peor! Pero, miró su pecho y descubrió que aún respiraba, muy lentamente pero aún... ¡estaba viva!

Allí estaba rodeada de los suyos. Ahora sí, ¡estaban todos!

La madre de Fabiola, sostenía la mano de la anciana. Le hizo una señal a su hija para que se acercara y le ofreció la mano de su bisabuela. La joven, no dudó ni un momento en cogerla con fuerza. Fue entonces, cuando su bisabuela, abrió los ojos muy lentamente y sonrió.


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—¡Ya estoy aquí yayi! —le dijo Fabiola con cariño y la besó en la frente.

—¡Gracias! —susurró con dificultad la anciana.

Fabiola, la abrazó y permanecieron así un largo rato. Hasta que la joven escuchó un discreto suspiro. Fue entonces, cuando supo que... ¡Luz María había fallecido!

Lo había hecho rodeada de amor y junto a toda su familia. Su última voluntad se había cumplido y Luz María se fue en paz.
En ese momento, se hizo un silencio incómodo y después, empezaron los primeros llantos.

La anciana dejaba un vacío muy grande entre todos y ahora debían aprender a vivir sin ella.

Poco después, entró el doctor acompañado de un par de enfermeras y certificaron su muerte. Después , la cubrieron con una sábana blanca y se la llevaron. 

—Mamá quería ser enterrada —fue lo primero que dijo el hijo mayor de la anciana.

—Sí, y así lo haremos —afirmó la madre de Fabiola.

—Pero, que sea con muchas flores y música alegre —propuso Fabiola.

Todos la miraron extrañados.

—No me miréis así. Ella, siempre quiso que su partida fuera una celebración —sus ojos se llenaron de lágrimas de nuevo —. Cuando era una niña, siempre me decía "el día que me muera y tenga que partir, lo haré bailando y con alegría".

Todos se sorprendieron e hicieron un esfuerzo por sonreír.

—Ella, ¡tan flamenca como siempre! —exclamó el hijo mayor.

—Pues así será... —dijo la hija más pequeña de Luz María.

Al cabo de dos días, la enterraron. Partiría con su mejor gala dentro de una caja de madera llena de flores de colores alegres y con música flamenca de fondo. Todos, vestían de luto y no podían parar de llorar al recordarla.

Luz María, no sólo había sido buena madre, sino que también buena esposa, abuela y bisabuela. Entregada a todos y siempre con actitud positiva, a pesar de los problemas y dificultades que pudiera tener en su vida. 
Ella, era moderna y con una mente muy abierta para los tiempos a los que pertenecía. Sin duda, había dado lecciones a muchos.

Ahora, Luz María viajaba hacia un nuevo destino, donde sin duda alguna, brillaría con luz propia.

Escrito por: Yolanda Martínez Duarte.

jueves, 21 de abril de 2022

LUZ MARÍA (1ª parte)

 Tumbada en la cama del hospital, se debatía entre la vida y la muerte.

Allí estaba Luz María, una anciana de noventa y cinco años, haciendo un pulso con la muerte. Los médicos no le habían dado más que veinticuatro horas de vida y... ¡las había superado! 

Estaba cada vez más débil, pero se resistía. Ella, había hecho una promesa hacía mucho tiempo. El día que la muerte picase a su puerta, se iría pero sólo con una condición, acompañada de todos sus familiares. Esto incluía a: sus cinco hijos, diez nietos y cuatro biznietos.

Tres días después de que los médicos hubieran informado a la familia de que a Luz María sólo le quedaban veinticuatro horas de vida, sus hijos decidieron reunir a toda la familia para cumplir así con el deseo de su madre.

Ya estaban prácticamente todos, sólo faltaba Fabiola la biznieta más mayor de todos.

—Fabiola, por favor tu bisabuela se está muriendo. Apresúrate en llegar, está cada vez más débil y no sé si aguantará... —le decía su madre a través de una llamada telefónica.

—Mamá, estoy en el aeropuerto. Hago todo lo que puedo, cogeré el primer avión que salga hacia allí —contestó la joven.

Cuando colgó el teléfono. Fabiola, miró el billete de avión que sostenía en sus manos y susurró:


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—Bisabuela espérame por favor.

Y una lágrima recorrió su mejilla. Fabiola, vivía en Roma desde hacía tres años por motivos de trabajo.

La espera se le hizo eterna. Pero, por fin anunciaron su vuelo. Fue de las primeras en entrar al avión y cuando se sentó en su asiento se santiguó como era costumbre en ella cada vez que cogía un avión. Algo que le había enseñado su bisabuela desde niña.

Después respiró muy profundo y sonrió esperanzada por llegar a tiempo a su destino y poder ver a Luz María con vida.

Cuando llegó al aeropuerto de Sevilla, cogió un taxi que la llevaría directa a su destino, el Hospital Virgen del Rocío.

—Por favor aligere que mi bisabuela se  está muriendo —dijo la joven al conductor.

—Hago tó lo que puedo mozita —contestó el taxista.

Fabiola sonrió discretamente. Hacía mucho tiempo que no tenía la oportunidad de escuchar el acento andaluz que tanto le había gustado siempre y se dio cuenta de lo mucho que lo había echado de menos.

Sonó de nuevo su teléfono, Fabiola miró la pantalla, donde aparecía "MAMA", se temió lo peor. Tardó en contestar a la llamada por miedo a que su madre le diera malas noticias.

—Dime mamá —contestó al fin con la voz entrecortada.

—¿Ya estás en Sevilla?

—Sí.

—Vale. Es que Luz María... 


Escrito por: Yolanda Martínez Duarte.

sábado, 16 de abril de 2022

MICRORELATO "LAS LÁGRIMAS DE LETICIA"

Allí estaba soportando el golpe que acababa de darle la vida. Sola, se encontraba más sola que nunca. Perdida y hundida entre un mar de lágrimas que no podía controlar. Pero, ¿si ella era dueña de sus propias lágrimas por qué no tenía poder sobre ellas? Brotaban de sus ojos totalmente descontroladas. Leticia, estaba triste y no tenía fuerzas para nada más.


¿Qué crees que le pasó a Leticia? ¿Por qué estaba triste?

En unos días lo desvelaré. Pero, primero me gustaría ver hasta donde llega vuestra intuición e imaginación. 

Déjame tu comentario, estaré encantada de leerte.


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 Escrito por: Yolanda Martínez Duarte.

miércoles, 30 de marzo de 2022

NATHAN (EL FINAL)

Últimamente, Nathan había sacado a la luz su faceta más celosa y aunque Jorge mantenía la calma e intentaba sobrellevarlo, reconocía que era agotador y agobiante. Hasta tal punto, que por momentos se sentía "asfixiado".

¿Se plantearía Jorge poner fin a la relación? O, ¿Seguiría adelante a pesar de los celos de Nathan?

Pero, los meses iban pasando...

Llegó Junio y con él nuevos proyectos para Jorge y Nathan.

Un día, mientras Jorge almorzaba, sonó su teléfono:

—¡Bonjour mon amour!

—¡Hola querido! —dio un sorbo a su café —. ¿Cómo estás?

—¡Emocionadísimo! ¡Tengo muy buenas noticias!

—¿De que se trata? 

—¿Recuerdas que estaba trabajando para un cliente muy importante aquí en Londres?

—Ahá —asintió Jorge.

—Pues, resulta que ha comprado una nueva galería y busca un profesor de arte que forme a nuevos artistas y utilice su galería para exponer los cuadros que éstos realicen.

—Tiene buena pinta... —lo interrumpió Jorge.

—¡Síííí! Les he hablado de ti y quieren conocerte —exclamó Nathan.

Jorge permaneció en silencio, estaba sorprendido y no sabía que decir la verdad.

—Podríamos pasar este fin de semana juntos y el lunes, podríamos hacer un café con ellos para que te conozcan mejor. ¿Qué te parece?

—Está bien, iré.

Aquella misma tarde, al terminar las clases de arte, Jorge pidió a Manuela que se quedara un momento pues quería compartir con ella la gran noticia de su nueva oportunidad en Londres.

—¡Quiero que te vengas conmigo! —le propuso a la joven.

Ella, se quedo muy sorprendida y aunque deseaba vivir esa nueva experiencia junto a él, fue realista y comprendió que no sería posible pues sus padres no la dejarían marchar.

Pero, una vez más Jorge, que se había convertido en su apoyo incondicional, la animó a coger las riendas de su propia vida y hacer lo que realmente la hiciera feliz.
Así que, la joven finalmente aceptó su propuesta.

Aquella semana, Jorge andaba ajetreado preparándolo todo para su fin de semana en Londres. Estaba algo nervioso, si todo salía bien, este nuevo proyecto cambiaría su vida por completo. ¿Estaba realmente preparado para convivir con Nathan? ¿Sería capaz de hacerse cargo de la galería de arte? 

La noche del viernes, cogió un avión que lo llevaría de nuevo junto a su amado. Como era habitual, éste fue a buscarlo al aeropuerto y el reencuentro fue tan especial como siempre.


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—¡Mon amour que alegría verte de nuevo!

Una vez en casa de Nathan, cenaron y después se acomodaron en el sofá y conversaron sobre las últimas novedades en sus vidas.

—Hablé con Manuela sobre todo esto y...

—¿No me digas? —lo interrumpió Nathan mostrándose de nuevo celoso.

—Por favor Nathan, ¿vas a empezar de nuevo? —Jorge entornó los ojos —. Le he propuesto que se venga y forme parte también de este maravilloso proyecto.

—¿Cómo? ¿Qué has hecho qué? —dijo furioso Nathan.

Entonces, se puso de pie y empezó a pasear de un lado a otro sin parar —. Pero, ¡este trabajo es para ti, no para ella!

—Y lo sé. Ella será mi alumna, vendrá a seguir aprendiendo y formándose como artista —sonrió y un brillo especial se posó en su mirada —. ¡Tiene talento! Aquí tendrá más oportunidades que en Granada, podrá exponer sus trabajos y darse a conocer.

—Pero... —lo interrumpió Nathan.

—Pero, ¡NADA! —lo volvió a interrumpir Jorge —. A todos nos dieron una primera oportunidad cuando empezamos en este mundillo. ¿No es así? —Nathan asintió con la cabeza —. Pues, ahora es el turno de Manuela. ¡Tenemos la oportunidad de ayudarla! ¿Por que no hacerlo?

—Veo que lo tienes muy claro. —dijo resignado Nathan.

Entonces, volvió a sentarse en el sofá, dejándose caer rendido y desplomado como si hubiera sido vencido en una batalla.

Jorge, empezó a acariciar su oreja y Nathan lo miró de reojo no pudiendo evitar sonreír. Jorge, le devolvió la sonrisa y después se entregaron en cuerpo y alma a un beso muy tierno.

—Si no fuera por esos celos, serías perfecto —le susurró Jorge.

—Anda, calla tonto —contestó Nathan y se dejó llevar, abalanzándose sobre su compañero envuelto de pasión y deseo.

A la mañana siguiente, amanecieron tumbados en el sofá, desnudos y abrazados. Los primeros rayos de luz, recaían sobre ellos y los cabellos de Jorge se tornaron de una tonalidad dorada y brillante. ¡Era espectacular!

¡Aquella escena si que podía considerarse una verdadera obra de arte!

Al despertarse, sus miradas se cruzaron, hablaban por si solas. Nathan, acariciaba un mechón del cabello de su pareja con suavidad y fue entonces cuando Jorge le susurró:

—Te amo.

Nathan, sonrió, lo besó y se acurrucó en su pecho sintiéndose pleno y feliz.

El lunes, Jorge y Nathan asistieron al café con Louis, el cliente importante del que había hablado Nathan. Todo fue según lo previsto. Jorge, se había mostrado tal cual, con naturalidad y transparencia cosa que a Louis, le había encantado.


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Después de tres horas y media de reunión... ¡Jorge estaba contratado!

A su vuelta a Granada, estaba deseoso de compartirlo con Manuela. Así que, aquella misma tarde, durante la clase mientras ella pintaba su lienzo, Jorge se acercó para ver como pintaba y en un susurro le dio la gran noticia.

—¡Nos vamos a Londres!

Ella, dejó de pintar y con un brillo especial en sus ojos lo miró y sonrió feliz.

Y así fue, como aquel 1 de julio, cogieron un avión con destino a Londres.

—¡Soy libre! —susurró Manuela.

Jorge, la miró, la cogió de la mano y le dijo:

—¡Lo eres querida!

Permanecieron cogidos de la mano durante todo el viaje. Manuela, estaba radiante y feliz. 

A su llegada, los recibió Nathan, que enseguida se lanzó a los brazos de Jorge y lo besó.

Manuela se ruborizó. Acababa de descubrir que Jorge... ¡era gay! Y en ese instante, comprendió muchas cosas.

—Ella es Manuela —la presentó Jorge.

—Disculpa querida, tenía tantas ganas de verlo... —comentó Nathan con una sonrisa picarona.

Jorge, lo miró de reojo incrédulo a sus palabras. Él sabía con certeza, que Nathan había actuado de ese modo para dejar claro a la joven que su chico ya estaba "cogido".

Pero, Manuela fue mucho más inteligente y respetuosa.

—Encantada de conocerte Nathan —lo saludó dándole dos besos.

Jorge, se alegró de que Manuela tomara con total naturalidad aquella nueva situación. La miró y entonces se cruzó con aquellos preciosos ojos azules que también lo miraban, ambos sonrieron y comprendieron que nada ni nadie podría arrebatarles jamás aquel vínculo y aquella magia tan bonita que los unía desde aquella tarde que se conocieron por casualidad en Granada. 

¿Habría sido el destino? Cosa del destino o no... ¡era algo maravilloso!

Escrito por: Yolanda Martínez Duarte.


miércoles, 23 de marzo de 2022

NATHAN (3ª PARTE)

Con el paso del tiempo, aprendieron a sobrellevar esa distancia y esa soledad, que les producía el echo de no tener cerca a la persona que amaban. ¿Cómo? Compartiendo llamadas y videollamadas todos los días.

Solo así, conseguían sentirse cerca y el amor que había entre ellos iba creciendo cada vez más. 

Habían acordado verse de nuevo en navidad. Esta vez, sería Jorge quien viajaría a Londres.

Y así fue, cuando éstas llegaron, Jorge cogió un avión que lo llevaría junto a su amado. 

Al llegar, se demoró cogiendo su equipaje mientras Nathan lo esperaba ansioso, observando a todos los pasajeros que aparecían por la puerta de salida.

—Amor mío, ¿¡dónde estás!? —susurraba nervioso.

Y de pronto... ¡APARECIÓ!

A Nathan se le iluminaron los ojos al verlo. ¡Qué atractivo estaba con aquella sonrisa tan perfecta que tenía y aquel traje a cuadros que había escogido para la ocasión!

Ambos, corrieron a su reencuentro y se abrazaron y besaron infinitas veces.

—¡Como te he echado de menos! —exclamó Jorge mientras seguían abrazados.

—¡Y yo! 

Tomaron un café antes de ir a casa de Nathan.

—¡Mis padres están deseando conocerte! —comentó Nathan.

—Pero, ¿ya les has hablado de mí?

—Por supuesto —contestó con una sonrisa picarona —. De echo, han venido a pasar las navidades a Londres para poderte conocer. ¡Cuentan contigo para las comidas y cenas familiares que haremos estos días en su apartamento!

—¿Ellos también tienen un hogar aquí?

—Oui. Se lo compraron al poco tiempo de venirme a vivir —se encogió de hombros—. Ya sabes, los padres siempre se preocupan por los hijos...

—¡Cierto!

A estas alturas de la relación, nada podía sorprender a Jorge. Pues, con Nathan las cosas eran así... ¡Improvisadas! Por lo que Jorge ya empezaba a estar acostumbrado a este tipo de sorpresas e imprevistos. Pero, eso no le molestaba porque lo amaba por encima de todo y, lo único que deseaba era estar a su lado y verlo feliz.

Después del café, se fueron directos a casa de Nathan. Vivía en un estudio precioso, estaba  decorado con mucho gusto: el suelo era de madera, sillas con estampados discretos y colores suaves, alfombras que hacían el hogar más acogedor y un gran ventanal en el salón-comedor que proporcionaba una luz natural maravillosa. Todo estaba perfectamente ordenado y recogido. ¡Estaba claro que Nathan era un maniático del orden y la limpieza!


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Lo primero que hizo Jorge fue  dejarse caer en el sofá.

—¡Estoy agotado! —exclamó.

Y justo en ese momento, Nathan apareció por detrás, apartó la melena de Jorge y besó su cuello diciéndole dulcemente:

—Me temo que tienes poco tiempo para descansar pues Emily, Sophie y Thomas están deseando verte y hemos quedado para comer.

Ese, fue de los pocos momentos que se permitió un respiro. Porque el resto de los días, estuvieron muy ocupados visitando a los amigos de Nathan, conociendo la ciudad y cumpliendo con las comidas y cenas familiares. 

Parecía que Jorge había encajado perfectamente con la familia de su pareja. ¡Eran todos muy amables! Habían quedado encantados con su actitud tranquila y madura. Decían, que la pareja se complementaba muy bien. Ya que la tranquilidad de Jorge equilibraba la parte más loquilla e inquieta de Nathan. 

Pero, los días pasaron demasiado rápido, las navidades habían llegado a su fin y Jorge debía regresar a Granada, donde lo esperaban sus alumnos de arte.

A su vuelta, contó con una nueva alumna en la escuela. Se trataba de Manuela, una joven de ojos azules que prometía ser una gran artista.

Jorge, se dio cuenta de ello enseguida. Desde el momento en que vio como manejaba los pínceles y con que habilidad repartía los colores en su lienzo creando verdaderas maravillas.

Ella, se mostraba tímida y reservada. Pero, sin duda su interior tenía mucho qué decir.

Jorge y la joven congeniaron muy bien desde el principio y ella, poco a poco, fue quitándose ese caparazón que traía y compartiendo parte de su mundo interior con él.

Por otro lado, cabía decir que la relación entre Jorge y Nathan iba viento en popa a pesar de que ya habían aparecido las primeras crisis de pareja. Y justamente, éstas habían coincidido con la aparición de Manuela en la vida de Jorge.

—¿Cuántas veces tengo que repetirte que es sólo una amiga? —mantenía la calma Jorge mientras hablaba con Nathan por teléfono una noche del mes de abril.

—¿Y ella lo sabe?

—¡Claro que sí Nathan! —entornó los ojos por un momento —. Es una joven de veinticinco años con ganas de volar y ver mundo, en lo que menos piensa en estos momentos es en tener pareja.

—No sé yo, ¿eh? —insinuó Nathan.

—Confía en mi. ¿De acuerdo? —dijo finalmente Jorge dando por finalizada la conversación.

Últimamente, Nathan había sacado a la luz su faceta más celosa y aunque Jorge mantenía la calma e intentaba sobrellevarlo, reconocía que era agotador y agobiante. Hasta tal punto, que por momentos se sentía "asfixiado".

¿Se plantearía Jorge poner fin a la relación? O, ¿Seguiría adelante a pesar de los celos de Nathan?

Escrito por: Yolanda Martínez Duarte.

jueves, 17 de marzo de 2022

NATHAN (2ª parte)

Lo que jamás había imaginado, es lo que sucedió el último día que se vieron.

Aquella tarde, Nathan y Jorge habían quedado para dar un paseo y tomar unos helados. 

Mientras paseaban, pasaron por delante de diferentes tiendas y escaparates. Fue entonces, cuando Jorge descubrió que Nathan adoraba ir de compras. Pues, entraron a cinco tiendas diferentes: moda, utensilios para la cocina, decoración para el hogar, accesorios y bisutería... Y, ¡en todas ellas quería comprar algo! De echo... ¡lo acabó haciendo!

Y, cuando iban cargados de bolsas, Nathan se detuvo delante de una fachada pintada de color rojo y una gran silueta negra con forma de bola de bowling.

—¡No me digas que es una bolera! —exclamó Nathan eufórico.

—Sí.

—¡Quiero jugar! — Juntó sus manos a modo de ruego —. ¿Vamos?

Jorge, asintió con la cabeza y sonrió. Y en ese momento, descubrió que le encantaba el carácter alegre y espontáneo de Nathan. Pues, desprendía frescura y un toque de carisma precioso.


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Ya dentro de la bolera, empezaron la partida muy entusiasmados. Jorge iba ganando en todo momento hasta que, un golpe de suerte hizo que finalmente ganara Nathan.  Éste, decidió celebrarlo de una forma muy original. Por un instante, como buen bohemio que era, imaginó en su mente que sonaba la canción "Time of my life" de su película preferida Dirty Dancing y sin pensárselo dos veces, corrió hacia Jorge y se tiró a sus brazos, abrazándolo con fuerzas mientras lo besaba.

A Jorge, aquello le pilló por sorpresa y se puso tenso. Al darse cuenta Nathan se retiró al instante, bajó la mirada tímido y se disculpó:

—Pardon. Me he dejado llevar por la emoción.

En ese momento, Jorge le cogió de la barbilla con suavidad alzando su cara de nuevo y besándolo con ternura.

—¡Me encantas! —le susurró Jorge.

—Je t'aime —contestó Nathan con una amplia sonrisa.

Y permanecieron abrazados olvidándose del mundo que los rodeaba. 

Después, regresaron al Hotel donde estaba alojado Nathan. Ya era de noche y sus amigos lo esperaban junto al taxi que los llevaría al aeropuerto. ¡Había llegado el momento de volver a Londres!

—No puedo irme. ¡Quiero estar contigo! —decía Nathan entre lágrimas.

—No sufras, estaré bien —le consolaba Jorge mientras le acariciaba el pelo y apoyaba su frente junto a la de Nathan —. ¡Nos veremos pronto!

Nathan, no podía dejar de llorar. Se fue alejando poco a poco susurrando "je t'aime" tantas veces como su corazón así lo sentía y lanzándole besos en el aire.
Jorge, sonreía intentando contener las lágrimas que querían brotar de sus ojos.


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Finalmente, Nathan subió al taxi junto a sus amigos y se marchó.

Cuando el coche desapareció, Jorge se sentó en el bordillo de la acera y entonces liberó todas esas lágrimas que había estado conteniendo.
Estuvo algo más de treinta minutos allí sentado, hasta que se serenó y decidió volver a casa.

Los siguientes días, no fueron fáciles para ninguno de los dos, debían seguir con sus vidas cubriendo su tristeza con una coraza para no preocupar a sus amigos y familiares. 

Con el paso del tiempo, aprendieron a sobrellevar esa distancia y esa soledad, que les producía el echo de no tener cerca a la persona que amaban. ¿Cómo? Compartiendo llamadas y videollamadas todos los días.
Solo así, conseguían sentirse cerca y el amor que había entre ellos iba creciendo cada vez más. 

Habían acordado verse de nuevo en Navidad. Esta vez, sería Jorge quien viajaría a Londres.

Escrito por: Yolanda Martínez Duarte.

lunes, 14 de marzo de 2022

NATHAN

Nathan, era un joven francés de veintinueve años. Por motivos de trabajo decidió trasladarse a Londres. Allí, dedicaba la mayor parte del tiempo a trabajar como conservador de arte, disfrutaba restaurando y conservando obras de arte. Era autónomo y trabajaba para diferentes galerías y museos.


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A parte de trabajar, el joven disfrutaba muchísimo viajando de un lado a otro con sus amigos: Emily, Sophie y Thomas. Ellos, fueron las primeras personas que conoció al llegar a Londres y lo acogieron muy bien haciéndolo sentir como en casa. ¡Les tenía un cariño muy especial!

En uno de los viajes que hicieron a España, visitaron Granada donde conoció a Jorge, un joven muy atractivo que lucía una bonita melena, perfectamente peinada, de color castaño claro con discretas mechas rubias. ¡Quedaba perfecta con su mirada! Unos ojos excesivamente expresivos de un tono marrón miel.

Pero, en realidad lo que más llamó su atención, fue su forma de vestir, era algo estrafalaria.

—¡Oh, là, là! —exclamó la primera vez que lo vio.

—¿Qué te pasa Nathan? —le preguntó Emily.

Pero, éste ni contestó, estaba demasiado embobado mirando a Jorge, que caminaba hacia donde ellos estaban mirando un mapa buscando algo interesante que visitar.

—No te contestará, está hipnotizado por ese hombre tan buenorro que se acerca por allí —dijo Sophie señalando a Jorge.

—¡Oui! —contestó al fin Nathan.

Y entonces, Jorge llegó a ellos y viendo que tenían complicaciones con el mapa, decidió parar a ayudarlos.

—¿Os puedo ayudar? —preguntó.

—¡Ouiii! —contestó con descaro Nathan.

Él, era siempre así, lanzado y decidido. A menudo, se dejaba llevar por sus impulsos, algo que le había traído problemas en más de una ocasión.

—Andamos un poco perdidos —comentó Thomas.

—¿Qué queréis visitar? —preguntó Jorge.

—¡Tu cuerpo! —contestó Nathan espontáneamente.

—¿Perdona? —preguntó Jorge extrañado.

—No hagas caso, a veces delira, trabaja demasiado —dijo Emily echándole una mirada fulminante a su amigo.

Nathan, comprendió que debía comportarse.

—Os recomiendo visitar La Alhambra —dijo señalando en el mapa con un bolígrafo que había sacado de su bolsillo —. ¡Es preciosa!

Los demás, asintieron y prestaron atención a las indicaciones que Jorge les daba para que pudieran llegar sin problemas. 

Al despedirse, Nathan le cogió el bolígrafo y agarrándolo de la mano, apuntó su número de teléfono en ella.

—Llámame. Estaremos unos días por aquí y me gustaría conocerte un poco más.

Jorge permaneció en silencio y sonrió. ¡Jamás le había pasado algo así!

Al llegar, a su habitual clase de Arte, donde le esperaban sus alumnos, lo primero que hizo es anotar el teléfono de Nathan en un papel. Después inició su clase.

Con el paso de los días, Jorge decidió llamar a Nathan.

—¿Dis-moi?

—Hola Nathan, soy Jorge.

—Hombre Jorge... ¡te has animado a llamarme! —mostró alegría Nathan.

—Sí.

—¿Qué te parece si merendamos juntos esta tarde? —propuso Nathan.

—Vale. Conozco una cafetería que está muy bien.

—¡Vayamos allí pues! 

Acordaron un punto de encuentro y quedaron en verse a las cinco de la tarde.

Durante la merienda, estuvieron hablando todo el tiempo, tenían muchas cosas en común y al dedicarse los dos al mundo del arte, no faltó tema de conversación en ningún momento. ¡Congeniaron muy bien!

Y decidieron seguir viéndose los siguientes días hasta que Nathan tuviera que volver a Londres.

Jorge, estaba contento con la amistad que había hecho con Nathan. Pues, se sentía muy cómodo y se había dado cuenta de que con él, podía hablar de todo. Algo, que hacía muchísimo tiempo, Jorge no conseguía hacer con nadie, pues lo habían defraudado ya muchas veces y se había vuelto cada vez más reservado. 

Lo que jamás habría imaginado, es lo que sucedió el último día que se vieron.

Escrito por: Yolanda Martínez Duarte.





¡¡¡4 AÑOS JUNTOS!!!

  En  LAS LETRAS DE YOLANDA  hoy estamos de celebración. ¿Qué no sabéis lo que celebramos? No os preocupéis, os lo cuento enseguida.🤭 Hoy h...